
INTRODUCCIÓN: un par
de malas noticias que no tengo más remedio que darles
Una
de las pocas cuestiones en las que los expertos en nutrición a nivel mundial se
ponen de acuerdo es a la hora de considerar la obesidad como una situación
–evitaré llamarla enfermedad o patología- de origen
multifactorial, es decir, que en su génesis y desarrollo suelen coexistir
diversos factores (genéticos, ambientales, socioculturales, psicológicos, en
relación al sexo...) a los que hay que prestar atención y que deben ser tenidos
en cuenta a la hora de establecer un tratamiento adecuado para cada persona
concreta.
En primer lugar y
atendiendo a la causa fundamental, resulta evidente que todo tratamiento tendrá
como objetivo prioritario la corrección de los desequilibrios en los
hábitos alimentarios del paciente: cantidades, horarios, proporciones de
nutrientes (hidratos – proteínas – grasas), o lo que es lo mismo, que quede
claro que nadie que acuda al médico con la idea de perder peso se
piense que se va a escapar de que le prescriban algún tipo de dieta.
Siento
confirmarles esta mala noticia pero esto es así. En espera de que aparezca el producto
milagroso que nos permita perder peso comiendo de la manera en que más nos
apetezca, lo cual, desgraciadamente, no se encuentra todavía visible en nuestro
horizonte terapéutico, la dieta sigue siendo el pilar fundamental de todos los
tratamientos para perder peso y no esperen ningún resultado de ningún método
que no vaya acompañado de su correspondiente dieta. No sean ingenuos y no pierdan
su dinero tontamente.
Una
vez establecido este primer punto sin dejar lugar a dudas me encuentro ante la
incómoda situación de darles la segunda
mala noticia del día: las estadísticas nos revelan que más del 70% de
los tratamientos para adelgazar sin ningún tipo de ayuda farmacológica –dieta
y ejercicio por sí mismos- se convierten en fracasos... Esto da que
pensar... ¡Mmmh!... ¿Será que la mayoría de las
personas afectadas por la obesidad son un desastre –seres carentes de voluntad
y constancia, indisciplinados, corrompidos por la gula- o será que la cuestión
práctica resulta mucho más difícil de lo que la pura teoría nos quiere hacer
creer?
Yo
he tenido la suerte de poder relacionarme con muchas personas obesas –entre los
que se encuentran muchos de mis amigos- y estoy firmemente convencido de que se
trata de personas absolutamente normales, en el mejor sentido de la palabra,
así que no dudaré en dar por buena la segunda hipótesis:
ADELGAZAR SIN AYUDA RESULTA DIFÍCIL Y NO SIEMPRE ES POSIBLE
PARA TODO EL MUNDO
¿Se han dado cuenta de lo sencillas que son las teorías para dejar de fumar y de lo difícil que resulta en la práctica? Pues con el asunto que nos ocupa sucede algo muy parecido.
Ahora
bien, ¿qué tipo de ayuda es la que nos resultaría conveniente tener y con
cuáles podemos contar realmente? Esto es lo que vamos a ver a continuación.
En el entorno de la
obesidad, y sin pretender que estas pocas líneas se tomen como un tratado de la
cuestión, podemos diferenciar una serie de grupos o familias de fármacos
destinados a solucionar o disminuir una serie de “problemas tipo” más o menos
establecidos. Estos grupos son:
1º) REDUCTORES DEL APETITO O
ANOREXÍGENOS
Resulta
evidente que supondría una gran ayuda contar con algo que nos hiciera
sentir menos hambre –un reductor del apetito o anorexígeno-
y que nos permitiera reducir globalmente las cantidades ingeridas sin sufrir
excesivamente a causa de ello –el sentir hambre es una sensación muy incómoda
como supongo que todos ustedes sabrán- y sin que, por supuesto, nos perjudique
de ninguna otra manera. Existen varias cosas que pueden ayudar en este
sentido. Hagan doble “click” en el recuadro
correspondiente si los quieren ver con detalle.
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2º) REDUCTORES DE
Los excesos en los aportes de grasas son los culpables de
un gran número de casos de obesidad y sobrepeso. Está comprobadísimo que las grasas son los nutrientes
que más calorías aportan a nuestro organismo (9 kilocalorías por gramo de peso
frente a 4 de los azúcares y las proteínas), así que es evidente que también
nos ayudaría el disponer de algún producto que consiguiera que lo que estemos
comiendo nos engorde un poquito menos a base de reducir la absorción de las
grasas contenidas en nuestra comida de manera que no se permitiera que la
totalidad de ellas fueran absorbidas en nuestro intestino impidiéndolas así
alcanzar nuestro torrente sanguíneo y depositarse posteriormente en nuestros
tejidos. ¡Buena idea! ¿No creen? Me gustaría que fuera mía, pero su desarrollo
pertenece a los investigadores de los laboratorios farmacéuticos Roche y
también hay cosas utilizables por este lado. Véanlas si quieren.
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Les
ruego que me permitan hacer aquí un pequeño inciso para salirme durante unos
instantes del tema que nos ocupa, pero es que les confieso que aunque me estoy
mordiendo la lengua desde hace un rato no puedo contenerme. Verán:
De
un tiempo a esta parte he venido observando que, a raíz de las campañas
publicitarias realizadas a favor del consumo de aceite de oliva en las
que nos informan sobre sus muchas e innegables virtudes, existe un incremento
de personas que desayunan acompañando su café con leche con una barrita o
tostada de pan regada muy generosamente con el citado aceite.
¿Que
está muy rico? Seguro que sí. ¿Que es muy sano porque baja los niveles de
colesterol total y aumenta los del “colesterol bueno” (HDL)? También.
¿Entonces? Pues que engorda. El aceite de oliva engorda lo mismo que
cualquier otra grasa, llámese aceite de girasol, mantequilla o margarina, así
que, por favor, tengan esto en cuenta y sean prudentes con las cantidades.
Ya me he calmado. Gracias. Continúo.
3º) ANSIOLÍTICOS
¿Y los nervios? ¿Qué hacemos con los nervios? No me refiero a los míos, sino como ya supondrán
ustedes a los múltiples casos de personas a las que las situaciones de
ansiedad, tristeza, agobio, preocupación, etc., -llamémoslo stress para
simplificar las cosas- les provocan un irresistible deseo –compulsión- de comer
determinados alimentos. Estas muchas personas que se encuentran en una tierra
de nadie -border line-
entre la normalidad y la bulimia también son de Dios y habrá que buscarles una
solución, ¿no les parece?, ya que una persona afectada por este problema puede
tirar por los suelos en unas pocas horas los resultados obtenidos tras varios
días de esforzado seguimiento estricto de una dieta. Y a nadie le resulta
agradable que le suceda una cosa así.
Pues
eso. Que existen cosas –ansiolíticos básicamente- que les ayudan
a controlar sus impulsos sin necesidad de tenerles todo el
día adormecidos con sedantes. Aquí les hablo de algunos de ellos:
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4º) LAXANTES
Como
es lógico, para adelgazar conviene hacer caca con normalidad. Y lo digo
así de claro para que todo el mundo me entienda. Y yo entiendo por normalidad
el ir al baño una vez al día, ya que para nada se trata de provocar diarreas
abusando de laxantes, ¡ojo!
Resulta
evidente que cuanto más lento sea el paso de la comida por nuestro intestino y
más tiempo permanezca en su interior, mayor será el grado de absorción y
asimilación de los nutrientes que contenga, dando lugar a un mayor
aprovechamiento de los mismos (la misma comida engordará más) y todo esto sin
meternos a hablar de los inconvenientes que el estreñimiento trae consigo, como
son la incomodidad propia del mismo, la retención de líquidos, la aparición de
dolores de cabeza y el riesgo de hemorroides y fisuras anales.
Existe
un gran número de pacientes que se muestran reacios a la hora de tomar un
laxante suave argumentando que:
–Es que me han
dicho que si empiezo a tomar un laxante después me acostumbro y luego no
podré ir al baño con normalidad sin él.
-¡Aaah! ¿Y es que ahora va con
normalidad sin él?
-Pues no. Por eso vengo a consultarle.
-Vale, vale, pero tenga en cuenta que yo sólo soy médico
y aún me falta algún tiempo para obtener el título de mago. Partimos de la base
de que usted presenta un problema de estreñimiento, ¿no es así? Bueno, pues
este se corregirá mientras usted tome su laxante y se alimente de manera
adecuada, pero como es lógico reaparecerá en cuanto deje de tomarlo y
desaparezca su efecto. Pero eso no significa de ningún modo que usted se haya
acostumbrado a la medicación, ¿me entiende?
-¿Y no me puede dar algo que me regule de manera definitiva?
-Actualmente no
existen laxantes cuyos efectos se prolonguen de manera indefinida, lo cual, por
otra parte, no sería bueno ya que podría dar lugar a otros problemas aún
mayores. ¿Se imagina lo que pasaría si tomara accidentalmente una dosis mayor
que la prescrita? Lo único que pasa es que los laxantes solamente funcionan
mientras se toman. Son como la mayoría de las medicinas, ¿o es que alguien se
piensa que porque un día se tome una Aspirina ya no le va a doler la cabeza
nunca más?
En
fin. Que hay quién lo quiere entender y hay quién no, pero mi consejo es que se
dejen de pamplinas y se tomen regularmente un laxante si les resulta necesario
hacerlo.
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5º) DIURÉTICOS
La dichosa retención de líquidos. Es sabido que hay muchas personas afectadas de
obesidad que presentan también paralelamente una retención de líquidos
que se manifiesta en forma de edemas (encharcamiento de los tejidos) que pueden
afectar a distintas zonas del cuerpo. Ese acúmulo de
líquidos puede ser debido a distintos factores entre los que podemos destacar
los problemas renales, alteraciones hormonales, ingesta excesiva de sal,
estreñimiento crónico, nivel bajo de proteínas en sangre, situaciones de stress
y a la propia obesidad por sí misma, ya que tiende a dificultar el retorno
venoso al comprimir sus estructuras, por lo que siempre se deben investigar las
causas del mismo.
Una vez realizado el citado estudio e intentado corregir
las alteraciones de origen se podría administrar un diurético –medicamento que
incrementa la eliminación de orina- solamente en el caso de que los citados
edemas se continuaran presentando de una manera clara y manifiesta, y siempre y
cuando el paciente no presente ninguna contraindicación ante el uso del mismo,
como por ejemplo tensión arterial baja.
Me parece imprescindible dejar muy claro que los
diuréticos no tienen ningún efecto sobre el tejido graso y no sirven, por lo
tanto, para adelgazar.
¿Que me dice que usted ha probado a tomar alguno y pesa
menos después de hacerlo? Vale, pero bébase después dos vasos de agua y dígame
a dónde ha ido a parar su peso perdido, ya que lo habrá recuperado de manera
inmediata. Con el diurético se pierde agua exclusivamente y ni un solo gramo
de grasa, así que hay que reservarlos para los casos muy concretos en los que
haya una retención de líquidos o una hipertensión como complicación de la
obesidad.
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PRODUCTOS
QUE AFECTAN AL METABOLISMO
El
metabolismo es como los actores feos que salen en las películas policíacas:
todos sospechamos de él y se ve obligado a demostrar su inocencia para no ser
considerado culpable.
-Vengo a que me cambie el metabolismo.
Esta
es una demostración de intenciones que, aunque parezca mentira se sigue
escuchando con mucha frecuencia en las consultas de nutrición.
-¿Y por qué
querrá que se lo cambie?– me pregunto yo -¿Por cromos de futbolistas?
Ahora en serio. En primer lugar el metabolismo de cada
persona viene determinado por una complicada serie de reacciones bioquímicas en
las que intervienen una infinidad de compuestos y que mantienen un delicado
equilibrio entre sí. Nunca conviene alterar ese equilibrio dando palos de ciego
ya que es posible que lo perdamos para siempre.
En
segundo lugar, el metabolismo tiene el mismo derecho que todos nosotros a ser
considerado inocente mientras no se demuestre lo contrario, así que nunca
jamás se deberá prescribir ningún producto que afecte al metabolismo sin tener
la constancia previa de que este se encuentre alterado, lo cual hay que
aclarar que sólo sucede en un porcentaje muy bajo (aproximadamente 1%) de
personas obesas, en cuyo caso habría que normalizarlo, pero nunca
jamás –repito- nunca jamás acelerarlo si éste se muestra normal.
Seamos
justos y razonables y dejemos al pobre metabolismo en paz que casi seguro que
no va a ser el culpable de nuestro infortunio. Así que en este apartado no les
voy a proporcionar ningún nombre de fármaco porque no quiero, ¡ea!... No sea que esta información vaya a caer en manos de
algún obseso u obsesa del adelgazamiento y la vayamos a liar, pero no se
pierdan
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