
El rapidísimo crecimiento de los índices de obesidad
infantil en todo el mundo occidental se ha convertido en un problema importante
para sus habitantes y sus gobiernos.
España tiene el dudoso honor de encontrarse en el grupo de cabeza de los países
europeos en este apartado. Las estadísticas indican que
casi la mitad (40’2%) de los alumnos de cada clase presentan exceso de peso (sobrepeso
el 26’3% y obesidad el 13’9%).
En
En los Estados Unidos
se ha constatado un aumento progresivo de la obesidad entre los 5 y los 14
años, pasando de un 15% de obesos en
Los estudios realizados no han
llegado a establecer ninguna asociación predictiva
entre la obesidad durante los 3 primeros años de vida y la obesidad del adulto,
pero sí que lo han hecho en los casos en los que la obesidad se manifiesta
entre los 6 y 9 años de edad, los cuales se asocian con un índice de obesidad
en la vida adulta del 55%, aumentando esta cifra hasta el 75% en los casos en
los que la obesidad se presenta entre los 10 y los 14 años.
SITUACIÓN INFANTIL
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SITUACIÓN PREVISTA
PARA CUANDO LLEGUE A SER ADULTO |
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EDAD |
ESTADO |
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0-3
años |
Obesidad |
No se
ha establecido ninguna asociación. |
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6-9
años |
Obesidad |
55% de
probabilidades de ser obeso. |
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10-14
años |
Obesidad |
75% de
probabilidades de ser obeso. |
Asociaciones establecidas entre la
obesidad infantil y la obesidad del adulto.
Es
importante tener en cuenta la marginación que sufren los escolares afectados de
obesidad, lo que supone un importante daño para su autoestima y dificulta el
establecimiento de sus relaciones personales, favoreciendo el desarrollo de
tendencias antisociales y de aislamiento.
CAUSAS DE
Las
causas básicas de este problema son, con sus características particulares, las de siempre:
La
alimentación desequilibrada y/o excesiva.
La
escasez de ejercicio físico.
1ª)
El consumo individual de
carbohidratos (azúcares) se ha multiplicado por 10 desde el comienzo del siglo
XX hasta nuestros días, y esto, como es lógico, ha hecho variar la alimentación
de nuestros hijos en el sentido de que existe un exceso global de carbohidratos en su
alimentación actual.
Estos
excesos provienen de:
Cereales y productos
derivados:
cereales de desayuno, pan, bollos, galletas, pizzas, pastas italianas, arroces,
maíz, palomitas, empanados y rebozados.
Dulces: pasteles, helados, caramelos,
golosinas y postres en general.
Patatas: sobre todo las patatas fritas de
bolsa (“chips”).
Bebidas azucaradas: todos los refrescos que no están
catalogados como “light” suelen tener un importante
contenido en azúcares, incluyendo las “bebidas para deportistas”.
Y la
oferta de carbohidratos no sólo ha crecido en su variedad, sino también en su
cantidad, y en este sentido es de destacar el aumento de volumen que han tenido
los refrescos
desde hace 30 años hasta nuestros días. Originalmente, el “refresco individual”
(Coca-Cola, Pepsi, Fanta…)
venía en botellas de
La bollería
industrial, cuyos productos suelen ser muy bien aceptados por los
niños y utilizados en demasiadas ocasiones como merienda, también ha crecido
notablemente en tamaño, en contenido de azúcares y grasas (con elevados
porcentajes de las del tipo “trans”, con efectos negativos
sobre el colesterol).
Una advertencia
que considero importante dirigir a todos los padres, es que ni por un momento
se crean que el hecho de llevar a sus hijos a un buen colegio privado les garantiza de ninguna manera que vayan a ser correctamente
alimentados en el comedor del mismo. No sean ingenuos.
Recientemente (septiembre 2006),
Durante el año 2006 he tenido la ocasión de revisar
personalmente los menús de cinco niños que realizaban las comidas en el comedor
de sus colegios (todos ellos diferentes y pertenecientes a la lista del “top
Como ejemplo les incluyo la tabla de los menús
previstos para el mes de febrero de 2007 de un colegio situado en la referida
lista, señalando con letras rojas los alimentos que presentan un elevado índice
de azúcares. Se puede apreciar que no son raros los días en los que coinciden
dos de ellos en la misma comida. Evidentemente, tendríamos que añadir el pan a
la lista de los carbohidratos ingeridos por los niños.
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LUNES |
MARTES |
MIÉRCOLES |
JUEVES |
VIERNES |
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Arroz con tomate. Pescado empanado con ensalada de frutas. Fruta. |
Sopa de picadillo. Tortilla española con ensalada mixta. Fruta. |
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Menestra de veduras. Escalope con patatas fritas. Fruta. |
Judías blancas estofadas. Palitos de pescado con ensalada. Yogurt. |
Paella mixta. Huevos fritos con patatas. Melocotón en almíbar. |
Crema de calabacín. Magro riojana
con arroz
blanco. Fruta. |
Macarrones con tomate. Merluza Orly con ensalada. Fruta. |
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Arroz tres delicias. Hamburguesa con patatas chips. Fruta. |
Sopa de cocido. Cocido completo con guarnición. Natillas. |
Lentejas con chorizo. Pescado empanado
con ensalada. Fruta. |
Crema de guisantes. Pollo asado con patatas fritas. Arroz con leche. |
Patatas marinera. Croquetas y empanadillas con ensalada. Yogurt. |
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Judías verdes portuguesa. Cinta de lomo con patatas ali-oli. Fruta. |
Sopa de ave. Ternera asada con puré de patata. Helado. |
Crema de verduras. San Jacobos con ensalada de arroz. Fruta. |
Espaguetis boloñesa. Filete de merluza con
ensalada. Yogurt. |
Garbanzos estofados. Tortilla de atún con
ensalada. Fruta. |
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Puré de calabacín. Albóndigas con patatas. Fruta. |
Arroz milanesa. Pescado empanado con ensalada. Yogurt. |
Lentejas con chorizo. Huevos castellana con bacon. Fruta. |
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Relación de comidas
del comedor de un buen colegio de Madrid
¿Es que no existe otra forma de preparar
las carnes y los pescados que no sean los empanados? ¿Es que resulta lógico
darle a un niño chorizo en el primer plato y bacon en
el segundo? ¿Es que no hay otra manera de cocinar los huevos que no sean fritos
o en tortilla española? ¿En qué cabeza cabe poner un guiso de patatas de
primero, y una mezcla de croquetas y empanadillas de segundo?
Durante los
procesos de empanado y frito el alimento adquiere carbohidratos procedentes
del pan rallado y triplica su cantidad de grasas a causa del aceite
adherido durante la fritura, con lo que la cifra final de calorías
prácticamente duplica a la inicial en el caso de las carnes y los pescados.
Es por esto por lo que los alimentos empanados son desterrados de todas las
dietas de adelgazamiento.
2ª)
Si sumamos las horas de asistencia
al colegio, más las que los niños se ven obligados a pasar haciendo las tareas extraescolares, junto a las
ocupadas por la atención a los elementos tecnológicos del mundo infantil
(consolas de videojuegos, Internet, amplia oferta de canales de TV, DVD...),
resulta que los
niños occidentales se pasan la mayor parte del día sentados.
A mí
particularmente me parece una demencia
que un niño de 11 ó 12 años tenga que dedicar 3 horas diarias a hacer los
deberes después de haber estado durante 7 horas en el colegio… ¿Que la vida es
muy dura y se tienen que preparar bien porque luego hay mucha competencia? Pues
sí, la verdad es que sí, pero todo tiene su término medio, porque estamos muy
orgullosos de los progresos de la civilización, que ha sacado a los niños de
los trabajos en el campo y en las fábricas, pero los hemos cargado con un peso académico que les obliga a trabajar
sentados durante jornadas mucho más prolongadas que las de un adulto medio… ¿Y
dónde están las razones de todo eso? ¡Que tampoco hace falta que vayan a ser
todos notarios!
Durante
el estudio no es raro que, el que más, el que menos, le haga alguna que otra
visita a la nevera o a la despensa a ver qué
es lo que pilla… Y el niño se va en busca de
carbohidratos (algún refresco, patatas fritas, magdalenas o bollitos,
chocolate…), claro, porque no se va a comer un filete a la plancha a esas
horas.
Es sabido que, la
ingesta de carbohidratos, además de representar los sabores favoritos de
los niños, tiene la virtud de poseer un efecto ansiolítico (efecto de
disminución de la ansiedad) gracias a los incrementos que producen en los
niveles de un neurotransmisor cerebral (sustancia que actúa como “señal”
entre unas neuronas y otras) llamado serotonina.
Y los exámenes producen ansiedad… Y que el profesor le pueda preguntar a
uno en clase, también.
Cuando
terminan de estudiar, lo más lógico es que se encuentren cansados, y que
dependiendo de su edad, sexo y gustos personales, se pongan a jugar a los
videojuegos, a chattear por Internet, o a ver algún
programa de televisión. Es decir, que físicamente sólo se limitan a cambiar de asiento. Y así hasta el día
siguiente, que será un calco del anterior.
TRATAMIENTO DE
A) ASPECTOS BÁSICOS
El tratamiento de la obesidad infantil difiere
notablemente del de la obesidad del adulto.
Sería muy deseable que los
Ministerios de Educación de los países occidentales le dieran una mayor
importancia a la formación de los escolares en los aspectos básicos de la
nutrición, con el objeto de plantar cara seriamente a la epidemia de
obesidad infantil que estamos padeciendo, pero de momento no hay nada de
nada.
Hasta
que no se dé una mayor importancia a la enseñanza de la nutrición en los
colegios, los
padres serán el factor más importante en
el tratamiento de la obesidad infantil, ya que sobre ellos recae exclusivamente
la educación nutricional de los niños. Es por esto que resulta
esencial que ambos padres tengan unos conocimientos básicos de nutrición que
puedan aplicar y transmitir al niño con el objeto de corregir sus errores.
Es
necesario que los padres entiendan que el tratamiento
de sus hijos exigirá que se introduzcan algunos cambios en los hábitos
alimentarios de toda la familia, entre cuyos miembros es muy
probable que se dé algún caso más de exceso de peso. Esto conlleva la necesidad de que toda la
familia siga una alimentación lo más equilibrada posible. No se
puede pretender que sea solamente el niño el que cambie de hábitos mientras el
resto de la familia continúa con los mismos que les han llevado a esta
situación.
Como recomendaciones para toda la familia podemos
citar las siguientes:
Servir siempre cantidades moderadas de alimentos y
utilizar platos pequeños. Cambiar de vajilla si es necesario.
Comer
siempre sentados y en el mismo lugar (el comedor o la cocina).
Comer
despacio, masticando bien. Esto ayuda a reducir las cantidades de lo que uno
come al “saturarse” antes de su sabor.
Evitar
distraerse con otras actividades (TV, lectura…)
mientras uno come.
No repetir nunca de ningún plato.
No llevar la fuente de comida a la mesa: servir los platos en la
cocina.
Mantener los alimentos "tentadores" (dulces, galletas,
patatas…) guardados fuera de la vista.
Las estadísticas existentes sobre los resultados de los tratamientos de
la obesidad en niños nos destacan la importancia de la implicación de los
padres:
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|
Con implicación directa de los padres en el tratamiento |
Sin implicación de los padres en el tratamiento |
|
Pérdida de más del 10% del
peso inicial |
79% |
38% |
|
Alcanzan y mantienen un peso
adecuado |
35% |
14% |
Resultados de los tratamientos infantiles en función de la implicación
de los padres.
Todo esto no significa que haya que estar todo el día detrás del niño
para fastidiarle y no permitirle
darse ni un solo capricho, pero del mismo modo que si usted se encontrara a su
hijo pequeño bebiéndose una lata de cerveza, le explicaría –supongo- que esa no
es una bebida adecuada para su edad y
se la sustituiría por otra más apropiada, también tendrá que corregirle en el
caso de que le encuentre comiéndose un enorme bocadillo de sobrasada o foiegras, que tendría que ser sustituido por otro más
pequeño con menor contenido graso, y no acceder a sus peticiones de comprar a
la salida del colegio uno de los bollos de chocolate casi tan grandes como su
cabeza que venden en la tienda de la esquina, explicándole porqué no son comidas
adecuadas para su estado.
Y, por
supuesto, habrá que predicar con el ejemplo. No se olviden nunca de esto,
porque en el caso contrario estaremos perdiendo el tiempo de la manera más
lamentable.
También habrá que
tener en cuenta que todo intento de tratamiento deberá comenzar por una compra adecuada en el supermercado por parte de los padres: evitar o limitar todo lo que se pueda los chocolates y dulces en
general, bollería, galletas, patatas fritas de bolsa, maíz y productos
derivados, foie gras y embutidos muy grasos (chorizo, salchichón, sobrasada…).
Será
muy importante valorar
los aspectos positivos que el niño pueda ir alcanzando, evitar
reñirle y acomplejarle, y no agobiarle más de la cuenta con un exceso de
restricciones o de normas excesivamente rígidas con respecto a las comidas.
A los padres también les corresponde fomentar las prácticas deportivas de sus hijos,
los cuales pueden mostrarse reticentes ante la idea por temor a su escasa
destreza o a las burlas de sus compañeros, pero más nos vale que lo hagamos con
tacto y bien, porque si no se consigue aficionar al niño a realizar algún tipo
de ejercicio físico por sí mismo, nos tocará bajar al parque a ejercitarnos con
ellos todas las tardes, cosa que por otro lado tampoco nos vendría nada mal. Y
tengan claro que no es suficiente con limitarse a pagar puntualmente al
profesor de gimnasia, porque si su hijo presenta exceso de peso, ese dato es indicativo
de que el ejercicio que practica en el colegio le resulta insuficiente para su
caso concreto.

En
resumen, la implicación de los padres resulta imprescindible para el
tratamiento de la obesidad infantil con el objeto de que puedan ser cubiertos
una serie de aspectos fundamentales:
Adquirir, con la ayuda del nutricionista, unos conocimientos básicos que
puedan ser transmitidos gradualmente al niño.
Encargarse de la planificación de las compras de alimentos y de los
menús familiares.
Observar -todos los miembros de la familia- una serie de normas durante
las comidas.
Corregir los errores que pueda cometer el niño con su alimentación.
Fomentar la práctica del ejercicio físico.
B)
La mayoría de los nutricionistas somos absolutamente
contrarios a prescribir dietas para niños menores de 12 ó 13 años,
ya que es muy raro que antes de esa edad presenten la motivación suficiente
para que les compense del esfuerzo que deberán realizar, lo cual nos llevará
inevitablemente al fracaso, lo que a su vez disminuirá la ya dañada autoestima
del niño obeso y sólo servirá para acrecentar el problema.
Esto no quiere decir que no haya nada que podamos
hacer.
Debemos tener muy claro que nos tendremos que
centrar en conseguir la reducción del consumo de los siguientes alimentos:
Pan, cereales, harinas y
derivados.
Patatas.
Dulces.
Grasas.
a)
PAN, CEREALES, HARINAS Y DERIVADOS
El ideal sería suprimir por completo el pan de las comidas y cenas,
reservándolo únicamente para desayuno, media mañana y meriendas (no más de 2
tostadas o
La composición del maíz es muy similar a la del trigo.
No tendrá ningún sentido que usted se preocupe de que su hijo no tome mucho pan
si le está dando un plato elaborado con maíz o una gran bolsa de palomitas
cuando vayan al cine.
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Hidratos |
Proteínas |
Grasas |
Agua |
Fibra |
Calorías |
Trigo
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