El rapidísimo crecimiento de los índices de obesidad infantil en todo el mundo occidental se ha convertido en un problema importante para sus habitantes y sus gobiernos.

 

*      España tiene el dudoso honor de encontrarse en el grupo de cabeza de los países europeos en este apartado. Las estadísticas indican que casi la mitad (40’2%) de los alumnos de cada clase presentan exceso de peso (sobrepeso el 26’3% y obesidad el 13’9%).

*      En la Unión Europea hay 14 millones de niños que presentan sobrepeso y más de 3 millones que son obesos, cifras que aumentan en unos 400.000 al año.

*      En los Estados Unidos se ha constatado un aumento progresivo de la obesidad entre los 5 y los 14 años, pasando de un 15% de obesos en 1973 a más de un 30% en 1994.

 

Los estudios realizados no han llegado a establecer ninguna asociación predictiva entre la obesidad durante los 3 primeros años de vida y la obesidad del adulto, pero sí que lo han hecho en los casos en los que la obesidad se manifiesta entre los 6 y 9 años de edad, los cuales se asocian con un índice de obesidad en la vida adulta del 55%, aumentando esta cifra hasta el 75% en los casos en los que la obesidad se presenta entre los 10 y los 14 años.

 

 

 

SITUACIÓN INFANTIL

SITUACIÓN PREVISTA PARA CUANDO LLEGUE A SER ADULTO

EDAD

ESTADO

0-3 años

Obesidad

No se ha establecido ninguna asociación.

6-9 años

Obesidad

55% de probabilidades de ser obeso.

10-14 años

Obesidad

75% de probabilidades de ser obeso.

 

Asociaciones establecidas entre la obesidad infantil y la obesidad del adulto.

 

Es importante tener en cuenta la marginación que sufren los escolares afectados de obesidad, lo que supone un importante daño para su autoestima y dificulta el establecimiento de sus relaciones personales, favoreciendo el desarrollo de tendencias antisociales y de aislamiento.

 

 

CAUSAS DE LA OBESIDAD INFANTIL

 

Las causas básicas de este problema son, con sus características particulares, las de siempre:

 

*      La alimentación desequilibrada y/o excesiva.

*      La escasez de ejercicio físico.

 

 

1ª) LA ALIMENTACIÓN DESEQUILIBRADA Y/O EXCESIVA

 

El consumo individual de carbohidratos (azúcares) se ha multiplicado por 10 desde el comienzo del siglo XX hasta nuestros días, y esto, como es lógico, ha hecho variar la alimentación de nuestros hijos en el sentido de que existe un exceso global de carbohidratos en su alimentación actual.

 

Estos excesos provienen de:

 

*      Cereales y productos derivados: cereales de desayuno, pan, bollos, galletas, pizzas, pastas italianas, arroces, maíz, palomitas, empanados y rebozados.

*      Dulces: pasteles, helados, caramelos, golosinas y postres en general.

*      Patatas: sobre todo las patatas fritas de bolsa (“chips”).

*      Bebidas azucaradas: todos los refrescos que no están catalogados como “light” suelen tener un importante contenido en azúcares, incluyendo las “bebidas para deportistas”.

 

Y la oferta de carbohidratos no sólo ha crecido en su variedad, sino también en su cantidad, y en este sentido es de destacar el aumento de volumen que han tenido los refrescos desde hace 30 años hasta nuestros días. Originalmente, el “refresco individual” (Coca-Cola, Pepsi, Fanta…) venía en botellas de 250 centímetros cúbicos, mientras que ahora se presentan en latas de 330 (un 32% más de volumen y de calorías).

 

La bollería industrial, cuyos productos suelen ser muy bien aceptados por los niños y utilizados en demasiadas ocasiones como merienda, también ha crecido notablemente en tamaño, en contenido de azúcares y grasas (con elevados porcentajes de las del tipo “trans”, con efectos negativos sobre el colesterol).

 

Una advertencia que considero importante dirigir a todos los padres, es que ni por un momento se crean que el hecho de llevar a sus hijos a un buen colegio privado les garantiza de ninguna manera que vayan a ser correctamente alimentados en el comedor del mismo. No sean ingenuos.

 

Recientemente (septiembre 2006), la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha publicado un informe, basado en el estudio de 943 menús pertenecientes a centros escolares públicos y privados pertenecientes a 10 comunidades españolas, en el que concluye que los menús escolares son repetitivos y poco equilibrados, ofreciendo demasiada carne y pocas verduras, huevos, pescado y fruta fresca.  

 

Durante el año 2006 he tenido la ocasión de revisar personalmente los menús de cinco niños que realizaban las comidas en el comedor de sus colegios (todos ellos diferentes y pertenecientes a la lista del “top 100” de los mejores colegios españoles), apreciando en todos los casos la existencia de un exceso de carbohidratos en sus comidas habituales.

 

Como ejemplo les incluyo la tabla de los menús previstos para el mes de febrero de 2007 de un colegio situado en la referida lista, señalando con letras rojas los alimentos que presentan un elevado índice de azúcares. Se puede apreciar que no son raros los días en los que coinciden dos de ellos en la misma comida. Evidentemente, tendríamos que añadir el pan a la lista de los carbohidratos ingeridos por los niños.

 

 

LUNES

MARTES

MIÉRCOLES

JUEVES

VIERNES

 

 

 

Arroz con tomate.

Pescado empanado con ensalada de frutas.

Fruta.

Sopa de picadillo.

Tortilla española con ensalada mixta.

Fruta.

 

Menestra de veduras.

Escalope con patatas fritas.

Fruta.

Judías blancas estofadas.

Palitos de pescado con ensalada.

Yogurt.

Paella mixta.

Huevos fritos con patatas.

Melocotón en almíbar.

Crema de calabacín.

Magro riojana con arroz blanco.

Fruta.

Macarrones con tomate.

Merluza Orly con ensalada.

Fruta.

Arroz tres delicias.

Hamburguesa con patatas chips.

Fruta.

Sopa de cocido.

Cocido completo con guarnición.

Natillas.

 

Lentejas con chorizo.

Pescado empanado con ensalada.

Fruta.

Crema de guisantes.

Pollo asado con patatas fritas.

Arroz con leche.

Patatas marinera.

Croquetas y empanadillas con ensalada.

Yogurt.

Judías verdes portuguesa.

Cinta de lomo con patatas ali-oli.

Fruta.

Sopa de ave.

Ternera asada con puré de patata.

Helado.

Crema de verduras.

San Jacobos con ensalada de arroz.

Fruta.

Espaguetis boloñesa.

Filete de merluza con ensalada.

Yogurt.

Garbanzos estofados.

Tortilla de atún con ensalada.

Fruta.

Puré de calabacín.

Albóndigas con patatas.

Fruta.

Arroz milanesa.

Pescado empanado con ensalada.

Yogurt.

Lentejas con chorizo.

Huevos castellana con bacon.

Fruta.

 

 

 

Relación de comidas del comedor de un buen colegio de Madrid

 

¿Es que no existe otra forma de preparar las carnes y los pescados que no sean los empanados? ¿Es que resulta lógico darle a un niño chorizo en el primer plato y bacon en el segundo? ¿Es que no hay otra manera de cocinar los huevos que no sean fritos o en tortilla española? ¿En qué cabeza cabe poner un guiso de patatas de primero, y una mezcla de croquetas y empanadillas de segundo?

 

Durante los procesos de empanado y frito el alimento adquiere carbohidratos procedentes del pan rallado y triplica su cantidad de grasas a causa del aceite adherido durante la fritura, con lo que la cifra final de calorías prácticamente duplica a la inicial en el caso de las carnes y los pescados. Es por esto por lo que los alimentos empanados son desterrados de todas las dietas de adelgazamiento.

 

 
 

 

 

 

 

 

 


2ª) LA FALTA DE EJERCICIO FÍSICO

 

Si sumamos las horas de asistencia al colegio, más las que los niños se ven obligados a pasar haciendo las tareas extraescolares, junto a las ocupadas por la atención a los elementos tecnológicos del mundo infantil (consolas de videojuegos, Internet, amplia oferta de canales de TV, DVD...), resulta que los niños occidentales se pasan la mayor parte del día sentados.

 

A mí particularmente me parece una demencia que un niño de 11 ó 12 años tenga que dedicar 3 horas diarias a hacer los deberes después de haber estado durante 7 horas en el colegio… ¿Que la vida es muy dura y se tienen que preparar bien porque luego hay mucha competencia? Pues sí, la verdad es que sí, pero todo tiene su término medio, porque estamos muy orgullosos de los progresos de la civilización, que ha sacado a los niños de los trabajos en el campo y en las fábricas, pero los hemos cargado con un peso académico que les obliga a trabajar sentados durante jornadas mucho más prolongadas que las de un adulto medio… ¿Y dónde están las razones de todo eso? ¡Que tampoco hace falta que vayan a ser todos notarios!

 

Durante el estudio no es raro que, el que más, el que menos, le haga alguna que otra visita a la nevera o a la despensa a ver qué es lo que pillaY el niño se va en busca de carbohidratos (algún refresco, patatas fritas, magdalenas o bollitos, chocolate…), claro, porque no se va a comer un filete a la plancha a esas horas.

 

Es sabido que, la ingesta de carbohidratos, además de representar los sabores favoritos de los niños, tiene la virtud de poseer un efecto ansiolítico (efecto de disminución de la ansiedad) gracias a los incrementos que producen en los niveles de un neurotransmisor cerebral (sustancia que actúa como “señal” entre unas neuronas y otras) llamado serotonina. Y los exámenes producen ansiedad… Y que el profesor le pueda preguntar a uno en clase, también.

 

 
 

 

 

 

 

 

 


Cuando terminan de estudiar, lo más lógico es que se encuentren cansados, y que dependiendo de su edad, sexo y gustos personales, se pongan a jugar a los videojuegos, a chattear por Internet, o a ver algún programa de televisión. Es decir, que físicamente sólo se limitan a cambiar de asiento. Y así hasta el día siguiente, que será un calco del anterior.

 

 

TRATAMIENTO DE LA OBESIDAD INFANTIL

 

A) ASPECTOS BÁSICOS

 

El tratamiento de la obesidad infantil difiere notablemente del de la obesidad del adulto.

 

Sería muy deseable que los Ministerios de Educación de los países occidentales le dieran una mayor importancia a la formación de los escolares en los aspectos básicos de la nutrición, con el objeto de plantar cara seriamente a la epidemia de obesidad infantil que estamos padeciendo, pero de momento no hay nada de nada.

 

 
 

 

 

 

 

 


Hasta que no se dé una mayor importancia a la enseñanza de la nutrición en los colegios, los padres serán el factor más importante en el tratamiento de la obesidad infantil, ya que sobre ellos recae exclusivamente la educación nutricional de los niños. Es por esto que resulta esencial que ambos padres tengan unos conocimientos básicos de nutrición que puedan aplicar y transmitir al niño con el objeto de corregir sus errores.

 

Es necesario que los padres entiendan que el tratamiento de sus hijos exigirá que se introduzcan algunos cambios en los hábitos alimentarios de toda la familia, entre cuyos miembros es muy probable que se dé algún caso más de exceso de peso. Esto conlleva la necesidad de que toda la familia siga una alimentación lo más equilibrada posible. No se puede pretender que sea solamente el niño el que cambie de hábitos mientras el resto de la familia continúa con los mismos que les han llevado a esta situación.

 

Como recomendaciones para toda la familia podemos citar las siguientes:

 

*      Servir siempre cantidades moderadas de alimentos y utilizar platos pequeños. Cambiar de vajilla si es necesario.

*      Comer siempre sentados y en el mismo lugar (el comedor o la cocina).

*      Comer despacio, masticando bien. Esto ayuda a reducir las cantidades de lo que uno come al “saturarse” antes de su sabor.

*      Evitar distraerse con otras actividades (TV, lectura…) mientras uno come.

*      No repetir nunca de ningún plato.

*      No llevar la fuente de comida a la mesa: servir los platos en la cocina.

*      Mantener los alimentos "tentadores" (dulces, galletas, patatas…) guardados fuera de la vista.


Las estadísticas existentes sobre los resultados de los tratamientos de la obesidad en niños nos destacan la importancia de la implicación de los padres:

 

 

 

Con implicación directa de los padres en el tratamiento

Sin implicación de los padres en el tratamiento

Pérdida de más del 10% del peso inicial

79%

38%

Alcanzan y mantienen un peso adecuado

 

35%

 

14%

 

Resultados de los tratamientos infantiles en función de la implicación de los padres.

 

 

Todo esto no significa que haya que estar todo el día detrás del niño para fastidiarle y no permitirle darse ni un solo capricho, pero del mismo modo que si usted se encontrara a su hijo pequeño bebiéndose una lata de cerveza, le explicaría –supongo- que esa no es una bebida adecuada para su edad y se la sustituiría por otra más apropiada, también tendrá que corregirle en el caso de que le encuentre comiéndose un enorme bocadillo de sobrasada o foiegras, que tendría que ser sustituido por otro más pequeño con menor contenido graso, y no acceder a sus peticiones de comprar a la salida del colegio uno de los bollos de chocolate casi tan grandes como su cabeza que venden en la tienda de la esquina, explicándole porqué no son comidas adecuadas para su estado.  

 

Y, por supuesto, habrá que predicar con el ejemplo. No se olviden nunca de esto, porque en el caso contrario estaremos perdiendo el tiempo de la manera más lamentable.

 

También habrá que tener en cuenta que todo intento de tratamiento deberá comenzar por una compra adecuada en el supermercado por parte de los padres: evitar o limitar todo lo que se pueda los chocolates y dulces en general, bollería, galletas, patatas fritas de bolsa, maíz y productos derivados, foie gras y embutidos muy grasos (chorizo, salchichón, sobrasada…).

 

Será muy importante valorar los aspectos positivos que el niño pueda ir alcanzando, evitar reñirle y acomplejarle, y no agobiarle más de la cuenta con un exceso de restricciones o de normas excesivamente rígidas con respecto a las comidas.

 

A los padres también les corresponde fomentar las prácticas deportivas de sus hijos, los cuales pueden mostrarse reticentes ante la idea por temor a su escasa destreza o a las burlas de sus compañeros, pero más nos vale que lo hagamos con tacto y bien, porque si no se consigue aficionar al niño a realizar algún tipo de ejercicio físico por sí mismo, nos tocará bajar al parque a ejercitarnos con ellos todas las tardes, cosa que por otro lado tampoco nos vendría nada mal. Y tengan claro que no es suficiente con limitarse a pagar puntualmente al profesor de gimnasia, porque si su hijo presenta exceso de peso, ese dato es indicativo de que el ejercicio que practica en el colegio le resulta insuficiente para su caso concreto.

 

 

 

 

En resumen, la implicación de los padres resulta imprescindible para el tratamiento de la obesidad infantil con el objeto de que puedan ser cubiertos una serie de aspectos fundamentales:

 

*      Adquirir, con la ayuda del nutricionista, unos conocimientos básicos que puedan ser transmitidos gradualmente al niño.

*      Encargarse de la planificación de las compras de alimentos y de los menús familiares.

*      Observar -todos los miembros de la familia- una serie de normas durante las comidas.

*      Corregir los errores que pueda cometer el niño con su alimentación.

*      Fomentar la práctica del ejercicio físico.

 

 

B) LA ALIMENTACIÓN DEL NIÑO CON EXCESO DE PESO

 

La mayoría de los nutricionistas somos absolutamente contrarios a prescribir dietas para niños menores de 12 ó 13 años, ya que es muy raro que antes de esa edad presenten la motivación suficiente para que les compense del esfuerzo que deberán realizar, lo cual nos llevará inevitablemente al fracaso, lo que a su vez disminuirá la ya dañada autoestima del niño obeso y sólo servirá para acrecentar el problema.

 

Esto no quiere decir que no haya nada que podamos hacer.

 

Debemos tener muy claro que nos tendremos que centrar en conseguir la reducción del consumo de los siguientes alimentos:

 

*      Pan, cereales, harinas y derivados.

*      Patatas.

*      Dulces.

*      Grasas.

 

 

a) PAN, CEREALES, HARINAS Y DERIVADOS

 

El ideal sería suprimir por completo el pan de las comidas y cenas, reservándolo únicamente para desayuno, media mañana y meriendas (no más de 2 tostadas o 60 gramos de pan de cualquier tipo en cada toma). Cada toma podría ser sustituida por 40 gramos de cereales de su marca preferida.  Resulta necesario que usted sepa cuánto son 60 gramos de pan, así que no ponga las cantidades a boleo. Péselas un día para hacerse una idea del volumen que suponen y procure no pasarse de ahí. 

 

La composición del maíz es muy similar a la del trigo. No tendrá ningún sentido que usted se preocupe de que su hijo no tome mucho pan si le está dando un plato elaborado con maíz o una gran bolsa de palomitas cuando vayan al cine.

 

 

 

Hidratos

Proteínas

Grasas

Agua

Fibra

Calorías

Trigo

61