Llamada rectangular redondeada: ¡Hola, queridos lectores! Dada la proximidad de las vacaciones de verano, mis buenas amigas de la revista “Cocina Ligera” me han pedido que colabore con ellas contestándoles a un cuestionario que me envían sobre las llamadas “dietas milagro”, y como me ha parecido una buena idea y me he quedado contento con el resultado, se lo incluyo aquí por si resulta de su interés (28 de mayo de 2004)

            

 

 

 

 

 

              LAS “DIETAS MILAGRO”

 

 

 

 

¿A qué llamamos dietas milagro? ¿En qué se distinguen de las dietas “normales”? (tiempo, alimentos, formas de comer)

 

Creo que ahí radica esencialmente la cuestión, ya que aún hay un importante número de profesionales de la nutrición que, manteniéndose rígidamente anclados al pasado, denominan despectivamente como “dieta milagro” a toda dieta que se salga de las estrictas normas de las hipocalóricas clásicas (filete a la plancha de 100 gramos, ensalada de 150 gramos, etc.). Y esto no debería ser así, pues estoy convencido de que los nutricionistas, dietistas y endocrinólogos en general debemos hacer un ejercicio de humildad y reconocer en primer lugar que nosotros somos los verdaderos culpables de la proliferación de todas estas dietas al no ser capaces de proporcionar soluciones asequibles y adecuadas a las diversas problemáticas que nos presentan los pacientes. Y ellos, como es lógico, buscan soluciones alternativas a sus casos concretos. ¡Normal! Porque tenemos que hacer un esfuerzo de apertura mental y admitir, en segundo lugar, que hay otras dietas perfectamente válidas que se pueden llevar a cabo con el adecuado control médico al margen de las hipocalóricas clásicas y que ofrecen muy buenos resultados.

 

Particularmente entiendo por “dieta milagro” a toda dieta que resulte absurda, ya sea por la repetición persistente de un solo alimento como base de la misma, por su carencia de bases científicas o por su exagerada restricción calórica, que persiga un resultado espectacular en lo que a la pérdida de peso se refiere. Y me parece importante dejar muy claro que todo lo que expongo a continuación se refiere única y exclusivamente a las dietas que se ajustan a esta definición.

 

Existe una variedad tan grande de estas dietas –la de la alcachofa, la del astronauta, la cronodieta, la del grupo sanguíneo, la de Hay, la del pomelo, la de la sopa de cebolla, la de Raffaella Carrá...- que resulta muy difícil establecer unas distinciones comunes a todas ellas con respecto a las “dietas normales”, pero en términos generales podríamos citar los incluidos en la propia definición anterior, es decir: la repetición persistente de un alimento como base de la misma, la ausencia de bases científicas en lo que a sus principios se refiere, su exagerada restricción calórica –menos de mil kilocalorías diarias y/o las carencias o desequilibrios importantes en lo que a nutrientes esenciales se refiere.  



¿Y las dietas que llevan el nombre de un alimento? ¿Qué tienen de novedoso,

por qué esos nombres?

 

Los nombres evidentemente se corresponden con el alimento predominante en la dieta. Y de novedoso tienen muy poco. Por ejemplo, la de la alcachofa; podemos conseguir los mismos resultados sustituyéndola por brócoli o coliflor, la del pomelo nos dará resultados muy similares si lo sustituimos por naranjas, manzanas, fresas o peras, un gazpacho hecho sin pan nos proporcionará resultados muy similares a los que se pueda obtener con la dieta de la sopa de cebolla, etc.

 

 

¿Son eficaces las dietas milagro? ¿Se rebaja peso?

 

Para contestar a estas preguntas con rigor y no caer en la tentación de hacer descalificaciones fáciles habría que irlas aplicando, una por una, en todas aquellas dietas que consideremos como milagro. En términos generales se puede afirmar que en general se rebaja peso con la mayoría de ellas, pero ¡atención!, el peso que se pierde suele ser a expensas de la masa muscular en lugar de la del tejido graso, con lo que la mayoría de ellas no adelgazan, si entendemos por adelgazar la pérdida de peso a expensas de la masa grasa.

 

¿Hay alguna que sea recomendable? ¿Por qué?

 

Yo no recomiendo seguir ninguna de ellas y para no aburrirles con un sinfín de razones me limitaré a decirles que es porque ninguna de ellas enseña a comer. Entiendo que el fin último de una dieta –dentro del contexto al que este artículo se refiere- debe ser conseguir una pérdida de peso a expensas del exceso de masa grasa que pueda ser mantenida durante un tiempo prolongado. Cualquiera de nosotros se puede pasar tres días comiendo un solo alimento –y me da lo mismo que sean alcachofas, chipirones en su tinta, pepinillos en vinagre o naranjas de la China- y lo más lógico es que pierda peso, pues a partir del segundo día la sola visión del alimento del que se trate le quitará a uno las ganas de comer y hará que las cantidades consumidas sean mínimas, pero ¿qué pasará luego? Pues que una vez que vuelva a hacer lo mismo de antes las consecuencias serán las mismas de antes. Es decir, que si una serie de hábitos de comidas y un cierto régimen de vida le llevan a uno a ganar peso en un momento dado, el hecho de repetir la misma situación nos conducirá a los mismos resultados. Esto no es un efecto yo-yo de las dietas milagro –cosa que pongo en duda que exista- sino que es una aplicación práctica de la lógica de Perogrullo: siempre que me sucede igual me pasa lo mismo... ¡Nos ha fastidiado! ¿Pues qué se esperaba que pasara?



¿Por qué razón son peligrosas y para quién los son más? (personas con algún
tipo de afección, edad)

 

Cada dieta es diferente y creo que tampoco debemos caer en la tentación de

generalizar en un tema serio como es este. En primer lugar debemos hacer una clara distinción entre las personas sanas y las que presenten algún tipo de afectación sistémica (diabetes, patologías cardíacas, renales, hepáticas, etc.) ya que estas últimas en ningún caso deberán seguir ni un solo día una dieta que no haya sido prescrita o avalada por su especialista en cuestión. Y en este mismo grupo también deberíamos incluir a las gestantes y a las personas que se encuentren en los extremos del espectro de edad (menores de 18 años o mayores de 65).

En lo que al resto se refiere creo que tampoco nos tenemos que poner en plan dramático, pues una persona normal y sana puede aguantar durante tres días prácticamente cualquier régimen dietético por muy disparatado que sea sin que tenga consecuencias importantes para su salud.



¿Cuáles son los efectos negativos que tienen en la salud?

 

A partir del citado período de tres días los riesgos son variables para cada tipo de dieta y todos ellos resultan directamente proporcionales al tiempo que esta se realice. Entre otros incluyen: desnutrición por pérdida de masa muscular, hipotensión y mareos (dieta de la alcachofa, del astronauta, de Beverly Hills, de Gabe Mirkin, macrobiótica, de la patata, del pomelo, Pritikin, Raffaella Carrá, Shelton, de la uva, de la sopa de cebolla), arritmias por pérdidas de potasio (Atkins), diarreas (Beverly Hills), deficiencias en vitaminas y minerales (macrobiótica y Pritikin), aumento del colesterol sanguíneo (Atkins), cólicos nefríticos y ataques de gota (Atkins).

Hay dietas, como la de Atkins, que sí que es cierto que promueven una importante pérdida de peso, pero los riesgos y la importancia de sus efectos secundarios hacen que, en mi opinión, sólo sean aplicables a pacientes ingresados en centros dietéticos u hospitalarios en los que se pueda llevar a cabo un estrecho seguimiento de los mismos.

    

¿Qué consecuencias tienen en el peso? ¿Se recupera fácilmente? ¿Y en el
metabolismo?

 

Como ya he dicho anteriormente, el seguimiento de la mayoría de ellas sí que suele conllevar una pérdida de peso, aunque esta no siempre se deba a la pérdida de tejido graso y si no variamos nuestros hábitos alimenticios y/o nuestro nivel de ejercicio físico la recuperación de peso será paulatina e inmediata. El principal problema práctico, además de los posibles perjuicios que puedan producir en nuestra salud, es que no sirven para nada. Así de simple.

La recuperación o no del peso depende básicamente de lo que uno haga después, y no de la cantidad del peso perdido ni del tipo de dieta que haya hecho. El metabolismo no tiene porqué verse afectado de manera significativa si no han sido utilizados fármacos que influyan sobre él.



¿Cuánto peso hay que perder y de qué forma sin afectar a la salud?

 

Parece que los expertos se ponen de acuerdo –por una vez- en que el ritmo ideal de pérdida de peso oscila entre los 750 gramos y el kilo semanal, lo que viene a suponer una pérdida de 3 a 4 kilos en el mes. En mi opinión resulta adecuado cualquier ritmo comprendido entre los 500 gramos y el kilo semanal –pérdida de 2 a 4 kilos por mes- aunque considero que lo más importante es que cada uno consiga su propio ritmo, es decir, que vea una pérdida de peso que compense de alguna manera el esfuerzo que inevitablemente deberá llevar a cabo sin que éste último resulte excesivo ni agobiante en ningún momento. He visto pacientes que han llegado a perder más de 20 kilos sin perder nunca más de dos kilos al mes.

 

Y creo que aquí resulta fundamental que el problema de la obesidad y el sobrepeso jamás deberá ser valorado de una manera dual en el sentido de éxito o fracaso. Me explico. Hay que evitar a toda costa que un paciente que debería perder teóricamente unos 20 kilos y que no consiga perder más de 10 ó 12 vivencie su resultado como un fracaso. Primero porque no lo es en absoluto, ya que existen multitud de ensayos clínicos que demuestran los importantes beneficios que suponen la pérdida de tan solo un 10% del peso total, y en segundo lugar porque al sentirse fracasado despreciará los beneficios y las enseñanzas obtenidas, y recuperará el peso perdido en un tiempo récord. 

 

 

Si se hace una dieta milagro ¿Cuánto tiempo como máximo se puede llevar a
cabo?

 

¿No hemos quedado en que no sirven para nada? De acuerdo con esa premisa yo no aconsejo llevarlas a cabo durante un tiempo superior a los diez minutos, pues creo que en la vida existen un sin fin de cosas más interesantes y agradecidas a las que uno puede dedicar su tiempo.



¿Cómo debe ser una dieta correcta para adelgazar? (tiempos, kilos que se
rebajan, composición, alimentos indicados) ¿Hay algún producto limitado?

No creo que exista un solo tipo de dieta correcta para adelgazar, pues siempre se debe y se puede adaptar a los gustos y condiciones de cada persona. Por citar una, en mis 20 años de experiencia como nutricionista he conseguido... ¡perdón por la vanidad!, quería decir que los pacientes han conseguido muy buenos resultados –pérdidas medias de 3 ó 4 kilos de tejido graso en el mes durante un tiempo indefinido valoradas mediante análisis de masa corporal con impedancia bioeléctrica- con ausencia de efectos secundarios siguiendo una dieta de restricción parcial de hidratos de carbono –harinas y azúcares, fundamentalmente, en comida y cena- tan sencilla como la expuesta en la página web www.drluengo.net .

¿Que por qué recomiendo esa en lugar de alguna otra? Pues probablemente no porque se trate de la más perfecta, ni de la más rápida, ni de la más científica de todas las dietas, sino sencillamente porque los pacientes la terminan, que es el objetivo más importante en cualquier dieta que se comience, ya que no les supone un esfuerzo excesivo a la hora de llevarla a cabo y este siempre se ve recompensado con sus resultados, sin encontrarse mal en ningún momento de su desarrollo.

 

 

¿Es importante acudir a un especialista? ¿Lo suele hacer la gente?

 

En estos casos siempre es conveniente acudir a un especialista aunque se trate de perder los 4 kilos que nos puedan sobrar para ir este verano a la playa en condiciones. Primero, porque nos va a resultar mucho más fácil hacerlo siguiendo sus consejos, segundo, porque así no vamos a correr el riesgo de perjudicar nuestra salud, y tercero, porque salvo en el caso de algunas excepciones nos va a salir más barato y el resultado nos será más duradero que si lo hacemos por nuestra cuenta a base de probar un montón de “dietas y productos milagro”. 

Creo que nuestra sociedad está pasando por un período de intensa ambivalencia ante lo que supone acudir a la consulta del especialista, ya que por un lado se siente preocupada y atemorizada por la creciente información disponible sobre las peligrosas consecuencias de la obesidad mientras que simultáneamente no puede evitar los sentimientos generales de recelo y desconfianza ante la idea de visitar al nutricionista debido a:

1ª) El temor ante las elevadas facturas que algunos profesionales presentan a cambio de sus servicios clínicos.

2ª) El temor y recelo suscitado ante noticias puntuales ampliamente difundidas por los medios de comunicación sobre presuntas irregularidades cometidas por un escaso número de médicos y farmacéuticos dedicados a los tratamientos de la obesidad.

3ª) El lógico temor suscitado ante el recuerdo de la difusión pública de la exagerada e intempestiva retirada de los productos anorexígenos –reductores de apetito- que en su momento –marzo 2000- el Ministerio de Sanidad llevó a cabo que tuvo como inmediata y nefasta consecuencia la siembra de la idea en el ciudadano de a pie de que todas las pastillas para adelgazar eran unas drogas malas para la salud y que la mayoría de los médicos nutricionistas eran unos delincuentes sin escrúpulos que solamente pensaban en ganar dinero aún a costa de la salud de sus pacientes sin que se llegara a notificar públicamente la sentencia del Tribunal Europeo de septiembre 2003 que consideraba como indebida la citada retirada de esos productos que, por cierto se encuentran a la venta con toda normalidad –bajo prescripción médica como es lógico- en países de tanta solvencia científica y médica como pueden ser los Estados Unidos.

Como resultado de todo esto hay que comprender que exista actualmente un elevado porcentaje de presuntos pacientes que anteponen la opinión de algún amigo que ha seguido una dieta que le ha ido muy bien o de la del farmacéutico de la esquina, que es muy buena persona y le conozco desde hace muchos años a la visita al especialista.  



¿Cuál es la dieta más disparatada que ha visto?

 

Aunque parezca mentira he llegado a ver a una paciente que provenía de un supuesto Centro Médico –que disponía de todas las licencias y cumplía con las normativas legales- en el que le habían prescrito seguir una dieta cuyos ingredientes principales eran los caramelos Sugus y las pipas de girasol... ¿Quién da más?



Consejos finales. Lo más importante a la hora de elegir y hacer una dieta.

 

Además de las 10 Claves de la Dieta Perfecta y de los 20 Consejos para perder peso de forma lenta pero segura que publicáis en vuestro último número de Cocina Ligera me permito añadir un último consejo muy sencillo de seguir: si tu especialista en nutrición, ya sea dietista, médico nutricionista o endocrinólogo presenta síntomas de sobrepeso o de obesidad, despídete de él / ella amablemente y cambia de consultorio de inmediato. Y lo digo en serio, ya que existe un importante número de profesionales que aún siendo unos grandes conocedores científicos y teóricos de la obesidad no son capaces en la práctica de mantener su propio peso dentro de unos límites adecuados, y esto no me parece serio a la hora de dictar las normas que han de seguir los demás.

 

¿De verdad que te vas a fiar de la opinión profesional de una persona que no es capaz de llevar a la práctica sus propios consejos? Yo que tú no lo haría, forastero.  

 

 

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